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Reclamaciones contra abogados

Bufete de abogados especialista en reclamaciones contra abogados por negligencia profesional o mala praxis. ¿Ha perdido un juicio o una expectativa de derecho por culpa de su abogados?. Nosotros nos encargamos de estudiar minuciosamente su asunto, y comprobar la viabilidad del asunto. Si del estudio del mismo, entendemos que, efectivamente, se ha producido una negligencia profesional, nos encargamos de plantear las reclamaciones contra abogados y las compañías de seguro profesional, que todo abogado debe tener concertada.

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Cuando el abogado incurre en negligencia en el cumplimiento de su actividad profesional se encuentra obligado a reparar el daño causado por su negligente actividad profesional según los artículos 1101, 1103, 1104 y 1106 del Código Civil y el artículo 78 del Estatuto General de la Abogacía.

El abogado se encuentra sujeto a dicha responsabilidad si no proporciona los medios y cuidados adecuados en consonancia con el estado de la ciencia. Será preciso, por tanto, constatar su conducta negligente en relación con su lex artis14, con el fin de determinar si su conducta se ajusta a la diligencia exigida al profesional abogado medio (en relación con el artículo 1104 del Código civil). Ahora bien, el abogado no sólo se encuentra obligado por las normas generales establecidas en el Código civil, sino también por las normas reguladoras de su actividad profesional, ya que los cánones profesionales recogidos en su Estatuto “sirven de buena y estricta medida de su actuación” (STS de 4 de febrero de 1992). (reclamaciones contra abogados).

Respecto a cuál es el nivel de diligencia exigible del abogado, la respuesta es el grado medio, en consonancia con los conocimientos medios de un profesional técnico en materias jurídicas, lo que quiere decir, que no se le impone el deber más alto posible, sino que se atenderá al del profesional medio como referencia para analizar y calificar su actuación15. En este sentido, entiendo que la interpretación del artículo 42 del Estatuto de la Abogacía del desarrollo de su función “con el máximo celo y diligencia” debe realizarse en consonancia con dicha lex artis. En esta línea, la SAP de Toledo de 7 de junio de 2000 considera que debe valorarse la conducta enjuiciada atendiendo al baremo general del profesional, es decir, atendiendo a la conducta que habría observado un letrado en ejercicio medio en una situación pareja con similares conocimientos y aptitudes. (reclamaciones contra abogados).

Por eso, el abogado no debe ser declarado responsable por el fracaso de la acción, ni tampoco cuando hubiera ejercitado una acción de entre las posibles alternativas, pues su responsabilidad no depende del éxito de la defensa encomendada, sino del empleo u omisión de la diligencia debida conforme a dicha lex artis. Ahora bien, este nivel de diligencia no será el mismo en el supuesto de que nos encontremos ante un especialista (por ejemplo, un abogado laboralista, mercantilista, penalista o canonista) que ante un abogado generalista. Si bien, en este último caso, podría existir responsabilidad, si no remite a un colega el asunto cuando no se encuentra capacitado en función de sus conocimientos y dedicación profesional; sin olvidar tampoco el deber de reciclaje de sus conocimientos jurídicos, exigido en este tipo de profesión En el ámbito de la responsabilidad civil de los abogados no opera la inversión de la carga de la prueba a favor del cliente demandante, por lo que éste debe probar la realidad de los hechos y el nexo causal existente entre la conducta negligente del abogado y el daño sufrido, en consonancia con el artículo 217 de la Ley de Enjuiciamiento Civil (Ley 1/2000). En este sentido, se pronuncia la jurisprudencia en las SSTS de 12 de diciembre de 2003, 30 de diciembre de 2002, 23 de mayo de 2001, 7 de febrero de 2000, 3 de octubre de 1998, 23 de octubre de 1995, 23 de diciembre de 1992, 5 de julio de 1991 o 24 de mayo de 1990. Señala la STS de 30 de diciembre de 2002 que “será el actor o reclamante del daño, esto es, el cliente, el que debe probar los presupuestos de la responsabilidad del abogado, el cual ab initio goza de la presunción de diligencia en su actuación profesional”. Esta doctrina ha sido recogida reiteradamente por las Audiencias Por lo tanto, respecto a la prueba de la actuación negligente del abogado, el cliente debe probar la omisión por parte del abogado de la diligencia exigida a otros profesionales en un supuesto similar al acontecido, cotejándola, así, con la llamada jurisprudencialmente como lex artis ad hoc. Esta afirmación no implica entender como presunción de culpabilidad la falta de éxito judicial.(reclamaciones contra abogados).

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